miércoles, 2 de febrero de 2011

El orden



El orden
¿Quién ha dicho que los libros no tienen vida?
Tamaña insensatez sólo puede venir de quien no haya convivido con ellos. “Convivir”, es decir, “vivir en compañía de…” Sin ir más lejos, ayer tuve la enésima demostración. Mientras ordenaba libros en los estantes de mi estudio –y refugio- tuve que reubicar una novela, La joven de la perla. La bajé un estante, empujado por la necesidad de espacio para otra adquisición más reciente. Entonces lo noté: la novela respiraba, suspiraba más bien. Se agitaba y se sacudía ella misma el polvo de sus páginas entre mis manos. Protestaba esa novela –estoy seguro- y comprendí su reacción. Lo entendí todo –sin mediar palabras- al ver que el descenso en el estante la obligaba a dejar arriba, arrimada junto al panel de separación lateral, un libro de relatos que también se tambaleaba desde su sufrimiento, Del amor y otros relatos, de Chejov. ¡Quería seguir junto a ella! Ni se le ocurría calibrar por un solo momento la posibilidad de que a partir de ahora, durante meses –o años- tuviera que verse obligada a quebrar su promesa de amor para pasar a sentir el roce áspero del lomo de esa otra innombrable novela que nunca le había gustado.
¡Están vivos, los libros! Yo lo sé muy bien… Por eso hoy, acuciado por el remordimiento, subí al estudio y devolví la novela a su anterior ubicación. No me importa haberme saltado el orden alfabético. La sonrisa que intuí en el reencuentro de aquellos dos libros, el calor que desprendieron en mis manos al juntarse… eso está por encima de cualquier otro criterio de clasificación. Desde ahora tendré más cuidado al mover dos libros, o al intercalar uno que pueda romper SU orden.

4 comentarios:

Rosa dijo...

Precioso, nos transmites tu amor incondicional por los libros.

MITOAGUIMES dijo...

Excelente relato, magistralmente escrito. Con esa sensibilidad no es de extrañar que los libros tiemblen y murmuren.

Antonio dijo...

Muy bueno, Pepe. Voy de inmediato a mi pequeña biblioteca para comprobar si no es sido culpable de alguna separación ignominiosa y, si así ha sido, ponerle remedio. Daré noticias....

Amando Carabias María dijo...

Por otra parte no me extraña que "La joven de la perla", se haya enamorado de los relatos de Chejov. Tendrán que decirse tantas cosas...
Magnífico y lleno de sensibilidad.