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martes, 22 de marzo de 2011

María R del P. R. obtiene el primer premio de Cuentos Solidarios 2011

 Hace unas semanas, informábamos en este blog que  María R del P R, alumna de 2º de la ESO del IES “Joaquín Artiles” , había conseguido el primer premio de la  fase municipal de "Cuentos Solidarios", que organiza el Cabildo de Gran Canaria, en categoría infantil, por el trabajo titulado “Dady”.
 
Ahora hemos tenido conocimiento de que  nuestra joven escritora ha obtenido, también, el primer premio a nivel insular. Por tanto, desde este blog queremos felicitar a María por estos éxitos iniciales, que seguro precederán a otros muchos que confirmarán su talento literario.

sábado, 19 de febrero de 2011

Daddy (III)


     Tengo 28 años, he dejado atrás los tomateros y a mis familias. Les di las gracias mil veces y me siento muy agradecido y ya les dije que les iré a visitar. La señora ya tiene 86 años y seguro que me va a costar vivir sin sus consejos e historietas. Ahora me he ido a Tejeda con Mamadú. Trabajo para el Cabildo como guarda forestal. Gano mucho más dinero y hago lo que me gusta. Estoy en el campo con los árboles, regando, podando, formando simulacros de incendio con helicópteros. La verdad es que todos somos un equipo y si uno falla, los demás también. Me siento muy arropado. Nadie me mira por encima de hombro, pensando mira ese negro que viene de los tomateros. Al revés, me tratan como si fuera un ejemplo de superación. Vivo en una cabaña especialmente para los guardas. Cuando te levantas en invierno a las 5:00 de la mañana ves un mar de nubes, que te envuelve. Pones la mente en blanco y te olvidas de tus problemas. He enviado la mitad el dinero que he guardado en todo el año para mi familia de Senegal y la otra mitad para “mi mamá” de Agüimes.

     A mis 48 años soy el coordinador de los guardas forestales más jóvenes. Soy muy considerado e intento que todos se lleven bien o por lo menos que sean compañeros. Procuro que todos sean un equipo y que aprendan que todos son importantes porque cada uno de ellos tiene una cosa especial. Ahora vivo en un cuartel donde tengo una habitación solo para mí. Comemos en un comedor donde las cocineras vienen de Arucas. Ellas me han llevado este año a la fiesta de su pueblo por San Juan. Me costó entender la fiesta de las hogueras ya que de donde yo vengo nunca se ha visto eso. A las 12 de la noche tiraban fuegos artificiales y la gente hacía asaderos. Comían chuletas de cochino, panceta y chorizo. Es una comida típica de celebración. Hay cosas que cuando yo tenía 7 años jamás había visto. Se llaman ordenadores y que todo el mundo usa. A través de ellos un compañero le envía dinero a mis 2 familias y le mando información aunque lo malo es que nunca recibo noticias de ellos. Seguramente mi madre haya fallecido pero me queda la esperanza de que mis hermanos comerán un plato caliente. No sé nada de Mamadú, se fue de Tejeda hace unos siete años. Él me dijo que se había ido otra vez a Agüimes después de pasar la mitad de su vida aquí. Seguía muy agradecido al pueblo que le dio mucho.

     Me he jubilado. Por fin he cumplido los 60 años. Me he ido a vivir a la playa de Arinaga. Vivo en una casa al lado del mar. Cuando me levanto, abro las ventanas y noto la brisa marina en mi cara. Ese olor es maravilloso. El panadero me deja el pan en la puerta recién hecho.

     Hoy será un día maravilloso porque voy a ir a casa de Mamadú, que hace muchos años que no lo veo. Voy a recordar mi historia con mi gran amigo y compañero fiel. Como ya he dicho, se llama Mamadú, es de Senegal como yo, y tenemos muchas historias que recordar. (Fin)


Autora: María R.P.R., alumna de 2º ESO del IES Joaquín Artiles, ha sido la ganadora, en el municipio de Agüimes, delIIII Certamen de Cuentos Solidarios.

viernes, 18 de febrero de 2011

Daddy (II)


     Una noche, un día. Una noche que se veían las estrellas me imaginé que podía tocarlas, ser el rey de un mundo que no conocía. Por las mañanas escuchaba el ruido de las olas chocando bruscamente con la barca y tenía fe en que no se volcaría. La verdad era mucho más que eso. Los bebés de un mes o de tan solo días lloraban sobre la congelada piel de la madre. Muchos de nosotros se murieron por falta de alimento ya que escaseaban las galletas y el arroz. A mí la verdad es que no me faltó de nada, estaba en una esquina que era la más privilegiada. Cuando nos acercábamos a tierra, cada vez estaba más convencido de que ese era mi lugar. Divisábamos grandes barcos como un edifico flotante. Era maravilloso. De repente se acercaron hombres vestidos de blanco y rojo. Más tarde entendí que eran los de la Cruz Roja y Salvamento Marítimo. A esas personas siempre les estaré agradecido. Curaron y alimentaron a muchos de los míos.

     Pasé a manos de los servicios sociales del Gobierno de Canarias. Nos integraron en un instituto y nos enseñaron costumbres españolas. Cada día se me hacía más cansino ir al instituto. Mis compañeros blancos me miraban por encima del hombro mientras yo me resignaba. Me sentía muy mal, por las noches estaba rodeado de gente que como yo había llegado por mano de los servicios sociales. Estoy en la última litera al lado de la ventana.

     Cuando miro por las tarde y veo a los chavales jugando al fútbol me pregunto por qué yo no estoy ahí, yo estoy aquí encerrado en una cárcel para senegaleses. La única persona que me escuchaba era mi amigo Mamadú que estaba en la segunda planta. Nos contamos todo y siempre nos ayudamos. Pero sé que el próximo día tendré otra vez que ir al instituto, donde todo el mundo se cree mejor que yo, o eso percibo.

     Cumplí 16 años, llevo un par de meses buscando curro. Un empresario de la Villa de Agüimes dedicado a los tomateros me contrataría como aparcero. Me pagaría 156 pesetas por semana. Aunque no es mucho dinero, me paga. La gente de la Villa de Agüimes es muy humilde y solidaria. Desde que nos vieron en la playa de Arinaga nos intentaban ayudar pero los de la Cruz Roja no los dejaban por asuntos sanitarios. Vivo con una familia al lado del barranco de Guayadeque. Su casa está en una cueva grande y húmeda. El dinero que me dan se lo doy a la señora de la casa y ella lo administra en comida y cosas básicas. Mi jefe nos trataba muy bien a mí y a Mamadú. Mamadú vive en la calle y mi “familia” le deja comer alguna vez en casa. La verdad es que la familia es muy pobre en cuestión de dinero pero es muy rica en el amor. (Continuará)

jueves, 17 de febrero de 2011

Daddy I


     Me llamo Daddy y tengo 60 años. Hoy es un día muy especial para mí, hoy voy a recordar mi historia con un gran amigo y compañero fiel. Se llama Mamadú, es de Senegal como yo, y tenemos muchas historias que recordar.

     Me levanté, me vestí y me tomé un café como cada mañana. Me dijiria a su casa lleno de ilusiones y cuando lo vi, sentí que no había pasado el tiempo para ninguno de los dos. Tenía una imagen en mi cabeza que jamás se me ha olvidado: estaba retorciéndose en la arena de la playa. Cuando nuestras miradas se cruzaron sabíamos que estábamos destinados a compartir una vida plena juntos. Los dos chavales empezaron a correr y a chapotear en el agua, como si de dos aves se tratara. Nunca volví a sentir ese grado de felicidad, hasta ahora.

     Me levantaba muy temprano para ayudar a mi madre, que no tenía el suficiente dinero para criar a mis seis hermanos. Yo era el mediano, con 7 años y el más pequeño con 3 meses. Iba al mercado a unos 3 km más allá del poblado. La verdad es que no me gustaba ir a la cuidad. La gente se qritaba, había muchísima basura arrinconada al lado de las aceras y muy mal olor por los cadáveres que había entre la basura. Esas personas fallecían porque no conseguían trabajo, es decir, no tenían dinero y muchos de ellos terminaron en la bebida. Era un núcleo de enfermedades en el año 54. La verdad es que en la aldea nos cuidaban mucho, con poco nos conformábamos. Jugábamos con piedras y trozos de madera.

     Nosotros dos muy pronto tuvimos que madurar, hubo una crisis. Mi familia no tenía dinero y solo teníamos dos posibilidades: jugarnos la vida o morir allí. El día 23 de Agosto fue el día en el que cumplí 14 años. De regalo mi madre, con la ayuda de la aldea, nos dio una cantidad de dinero que jamás había visto. Nos estaban pagando el viaje en el cayuco, con rumbo… ni se sabe. Ese día me juré a mí mismo que nunca olvidaría a mi familia, ni a mi aldea, ni a mi perro Cheik. Iría en busca de una gran aventura y nunca defraudaría a mi familia. La verdad que no sabía lo que me esperaba. Una tarde tranquila. Las personas con las que conviviría durante una semana se despedían de sus hijos y mujeres. El embarcadero estaba a rebosar. La gente sonreía al ver que sus familiares iban a encontrar una vida mejor y que mandarían dinero a casa. El cayuco parecía resistente y compacto para una travesía corta. Estaba relleno de mantas y de algunas provisiones para el viaje. Cada vez con más ansias deseaba entrar al "barco". (Continuará)

lunes, 14 de febrero de 2011

Alumnos del IES Joaquín Artiles premiados en el III Certamen de Cuentos Solidarios

     EL LAGARTO ESCRIBIDOR quiere felicitar a los seis alumnos de 1º y 2º de ESO del IES Joaquín Artiles premiados por el Ayuntamiento de Agüimes en el  III Certamen de Cuentos Solidarios.

      María R del P R, alumna de 2º de la ESO del IES “Joaquín Artiles” , consiguió el primer premio de la fase municipal en categoría infantil por el trabajo titulado “Dady” en el que plasma su visión de los Derechos Humanos, tema del certamen de este año.

     María representará al municipio de Agüimes en la fase insular del proyecto Gran Canaria Solidaria, puesto en marcha por la Coordinadora Insular de Solidaridad de Gran Canaria dependiente del Cabildo.

     El jurado decidió otorgar una mención especial a Silvia H D, alumna de 1º de la ESO del mismo centro de enseñanza, por el trabajo Mi vida, mi vida nueva”


Fuente: Revista Tara.com 
http://www.revistatara.com/modules.php?name=News&file=article&sid=19025