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sábado, 29 de octubre de 2011


Los hombrecillos

Dicen que los grandes seres que gobiernan el mundo, a veces, se reúnen en secreto en algún lugar del espeso bosque. Llegan desconfiados y temerosos de que los descubran, recelando los unos de los otros, mostrándose hostiles y agresivos, como si tuvieran miedo. Cuando rebasan la puerta principal, se quitan sus pieles y se descubren, para luego salir del interior de sus titánicos cuerpos unos miserables hombrecillos desnudos, temblorosos y asustadizos, de grandes ojos que sobresalen de sus pálidos rostros enfermizos.
 Ya en el interior de la humilde casita de madera, bajan por una larga rampa, moviéndose torpemente, tropezándose entre ellos y emitiendo pequeños gruñidos, como si fuera una manada de ratas desorientadas. En la oscuridad, el silencio parece adormecerlos hasta que se oye la débil voz de uno de ellos, iniciando una especie de plegaria que repiten los demás intermitentemente, provocando un murmullo que se vuelve ensordecedor a medida que rezan cada vez más rápido, casi gritando, a la vez que despiden un olor nauseabundo que ilumina todo el espacio, hasta que, casi al unísono, comienzan a vomitar una especie de jugo verdoso muy espeso con babosas flemas ensangrentadas.
El lugar se vuelve fangoso e irrespirable. Es entonces cuando, precipitadamente, salen exhaustos  y jadeantes de allí, con sus estómagos vacíos, y, tras ponerse sus enormes disfraces, se mueven entre ellos violentamente, como si estuviesen bailando una danza guerrera, mientras que, a modo de lamentos  emiten, abriendo exageradamente sus fauces voraces, unos rugidos atronadores que se extiende por todo el planeta, tras lo cual comienzan a correr en todas las direcciones, dispuestos a devorar el mundo y saciar nuevamente su codicia desmedida.

miércoles, 8 de junio de 2011

El candidato


            En el bullicioso mercado, las burbujas escapaban por el patio central como pompas de jabón. Eran burbujas de colores y de un fuerte olor a especias que se mezclaban con el griterío: las carcajadas de las mujeres  por las ocurrencias del tendero, el enfado del carnicero que reñía a su joven y despistado discípulo, las correrías por la galería entre carros  cargados de cajas de frutas y verduras. Un sin fin de colores de todos los matices se realzaban en los puestos con luceros, mientras en los pasillos oscuros los azulejos escondían sus vivos colores como si se reservaran en la cruenta batalla.
            Las miradas se revolvían buscando a los personajes con máscaras, sus sonrisas se dibujaban estáticas sobre la superficie de sus caretas similares a la de los payasos,  aunque adoptando gestos solemnes y exagerados. Su verborrea emborrachaba al gentío que se empalagaba  de la dulzura excesiva de sus palabras, provocando desconfianza ante tanta adulación. No dejaban  de ser unos vendedores más de la plaza, verdaderos profesionales de la política, vendedores de sueños y de remedios milagrosos frente a todos los males económicos y todas las deficiencias de la ciudad.
            A veces se les notaban nerviosos cuando se acercaba demasiado otro charlatán de distinto color, como si se repeliesen, y entonces comenzaban a hablar más deprisa y más alto de lo normal, emborronándose su sonrisa.
            El calor y la luz parecían aumentar a medida que pasaban las horas de la mañana y el bullicio se volvía ensordecedor, pero, de repente, el griterío se fue apagando y un silencio se fue extendiendo desde la entrada principal. La marea humana se fue calmando, formando lentos remolinos hasta que se fue abriendo un pasillo, como una  grieta amenazante que fue creciendo hasta alcanzar la trasera del edificio. A lo lejos se vio avanzar, con paso firme y decidido, una figura alta y negra, trajeada, de botines brillantes y sombrero de bombín. Su abundante y cuidada barba oscurecía su rostro, que se mostraba frío y de mirada penetrante. El silencio helado sacudió sin piedad a todos que, inmóviles y boquiabiertos, siguieron los pasos del candidato, y como una procesión desfilaron disciplinados y devotos tras aquel ser magnético hasta el edificio institucional.
Cuando subió al estrado, hierático y de mirada fulminante, contempló a cada uno de los sumisos ciudadanos, que percibían con resignación como eran violadas sus conciencias. Respiró profundamente ante la expectación del vecindario y lo dijo, concluyente, con una sonoridad incuestionable, su palabra atronó provocando un eco que se repite hasta la saciedad: ¡YO! Entonces los ciudadanos rompieron el silencio llenando el espacio de gritos, vítores, silbidos… mientras  que el candidato con su gesto asentía.

lunes, 21 de marzo de 2011

Día de la poesía

     Hoy, Día de la Poesía, me gustaría aprovechar para presentarles la obra de un amigo, Amando Carabias, escritor y poeta segoviano, que con frecuencia visita este blog. "Versos como carne", es su quinto libro y segundo poemario publicado recientemente. Poeta de largo recorrido, lleva en su sangre ese veneno que transmite al papel con una fuerza y pasión que desborda.

Un vendaval de vida me recorre
arropado en su túnica de nácar.
Mientras contemplo andanadas de sueños galopando
sobre el cerro de mi noche

Amante de la vida y del amor es también un guerrero que utiliza la poesía como arma arrojadiza contra las injusticias, como si fuera un Quijote sin fecha de caducidad. Sus armas son precisas y posee un arsenal inagotable de conocimientos y recursos literarios, pero lejos de resultar empalagoso el uso de su rico vocabulario, a veces nos produce una sensación agridulce, casi provocadora:
En mi verso hay rugidos de silencios,
cuya tinta son ángeles sin alas
encadenados a las heces ciegas
de un pétalo de luna que fallece
[...]
En mi verso hay caricias de silencios 
para romper palabras sin aurora
donde  entierren la noche del sicario
donde se alcen los ojos de los niños
para romper palabras sin aurora

Cuando desaparece la temática social surge la temática amorosa que la aborda igualmente con maestría:

Infiltradas estrellas en tus venas.
Su hilatura de plata entró en tus poros,
trocó tu piel en faro de azucenas,
almenar que mis besos bendecían,
simbiosis de rocío y luz sedienta 
que desplazaba los escombros ciegos
de mi pasado en ruinas de cenizas.

A la mayoría de nosotros  nos resulta difícil definir qué es poesía, un término que se vuelve subjetivo cuando intentamos atraparlo con palabras certeras. Pero sin duda percibimos claramente lo que es cuando leemos versos que nos conmueven y nos transmiten emoción, a la vez que nos sensibiliza y nos hace reflexionar. Sirva como un buen ejemplo éste de "Versos como carne" de Amando Carabias.
    










martes, 1 de marzo de 2011

El niño que quería cambiar de siglo (capítulo 2) Marcos Alonso

  Sus ojos se hundieron en el sueño sereno y profundo, envuelto por un cielo oscuro agujereado por miles de estrellas que destellaban con fuerza en el firmamento, haciendo brotar una sonrisa en el rostro de Enrique. Era una sensación agradable, como si flotara, eso le gustaba y le hacía olvidar sus problemas, era como estar en un lugar seguro donde cobijarse, un refugio que lo calmaba y lo llenaba de paz.
Enrique se relajaba de tal manera que pronto parecía fluir de su imaginación miles de imágenes, como si escaparan de los libros que lo rodeaban: el árido y ardiente Desierto de Arabia, con sus caravanas interminables de beduinos; el vertiginoso mundo del Himalaya, desafiado por intrépidos escaladores; los fríos y tormentosos mares del Norte o las cálidas aguas tropicales de los mares del Sur, surcado por viejos lobos de mar; ciudades que nunca conoció envueltas en historias dormidas, que parecían despertar de forma inesperada, y en las que él se convertía en un viajero incansable, subido en una góndola veneciana, cruzando el puente Rialto en el Gran Canal; con una pesada armadura medieval cabalgando hacia Tierra Santa o en un galeón español rumbo a América.
Pero, como una pompa de jabón que explota, todo se desvaneció al instante, cuando un ruido  estridente  y chillón, que parecía perforarle los oídos, lo despertó. Sudoroso y de mal humor, Enrique se incorporó, tanteó la mesa de noche hasta que dio con el despertador, que no dejaba de sonar, y de un manotazo lo aplastó dejándolo sin vida, mientras se quejaba de aquel suceso tan inoportuno.
Hacía frío y, como siempre, le costó levantarse de la cama a esa hora de la mañana. Desganado y apesadumbrado bajó las sombrías escaleras, como si descendiera a los mismísimos infiernos. La oscuridad del pasillo, antes de llegar a la cocina, resumía su estado de ánimo, triste y apagado.
Como otras veces, volvió a oír los sollozos de su madre, que se lamentaba amargamente del estado de su padre que, como siempre, comenzaba a beber desde las primeras horas del día. Ellos intentaban disimular delante de su hijo, pero Enrique ya lo sabía, había descubierto a su padre, en medio de sus acaloradas discusiones con su madre, llorar como un niño: “¡Y que me importa a mí que nos hayamos quedado sin trabajo si me voy a morir! ¿es que no te das cuenta? ¡me estoy muriendo, Anabel!”, le gritaba a su esposa antes de salir de la casa dando un gran portazo.
A su madre, Anabel, siempre la había recordado como una mujer fuerte y entera, pero desde hacía un año, cuando se enteró de la grave enfermedad que padecía su marido, todo parecía precipitarse y su joven madre había envejecido como si renunciara, también, a vivir. Sus ojos siempre parecían ensangrentados y su piel se había arrugado al encogerse su cuerpo, cada vez más delgado y huesudo, como si se resecara su alma por dentro.
Enrique, acostumbrado a esas escenas, parecía un autómata, iba a la nevera sin decir nada, cogía la leche, luego los cereales de un estante del roperillo, mientras miraba de  reojo a su madre, que no se percataba que su hijo estaba allí. Se sentía verdaderamente invisible, y apenas podía recordar aquel tiempo en que fue el centro de atención de sus padres y recibía todo tipo de atenciones.
Cabizbajo, regresaba, después de darle un beso en la frente a su madre, que aún con las lágrimas en los ojos, parecía ausente y con la mirada perdida. Cuando Enrique volvía a subir las escaleras, parecía un viejo arrastrando un cuerpo pesado y dolorido por  la pena, la tristeza y la impotencia de ver como su familia se iba poco a poco deshaciéndose, como si ellos fuesen figuritas de arena.
Pero cuando volvió a entrar en su habitación, esa mañana, quedó deslumbrado por la luz que entraba por la ventana y, al intentar cerrarla, su cuerpo osciló, como si el suelo cediera, haciéndolo caer. Sin comprender qué es lo que estaba ocurriendo, se  levantó del suelo y salió apresuradamente de la habitación. Fue entonces cuando lo sorprendió un aire cálido y húmedo, como la brisa del Monzón, y tras bajar las escaleras contempló algo realmente alucinante: la luz lo llenaba todo y ,poco a poco, pudo observar unas islas en forma de altas montañas redondeadas que parecían flotar sobre un mar espeso de tonos verdosos, mientras un cielo plomizo le daba a todo aquello un aire misterioso.
Un ruido, como si fuese el golpear de palos de madera ,lo hizo girar contemplando, de repente, una inmensa vela atravesada por listones de madera paralelos entre sí, “¡Es un gran Junco!”, pensó, mientras la inmensa embarcación surcaba, majestuosa, las aguas del Mar Amarillo o del Mar de la China.
–¡Señol! –oyó decir– la Glan Plincesa desea hablal con usted.
            Enrique no fue capaz de contestar y siguió al marinero chino, mientras observaba el  lujoso traje de Gran capitán que él mismo llevaba puesto. Cuando levantó la vista, contempló admirado a una hermosa joven que se acercaba hasta él y, tras agarrarlo fuertemente por el chaleco, lo zarandeó a la vez que no dejaba de gritarle: “¡Enrique, Enrique, despiértate, que se te hace tarde para ir al colegio!”.

viernes, 25 de febrero de 2011

Comienza el Taller de escritura

  Desde que alguna idea surgió en la mente de alguien del IES Joaquín Artiles, han pasado algunos meses, en los que se ha ido gestando un proyecto, madurando y cocinando a fuego lento hasta que, por fin, ya podemos ver los primeros "brotes verdes". Efectivamente, Antonio Lozano propuso crear un Club de lectura y escritura en nuestra comunidad educativa, surgiendo como respuesta un numeroso grupo de entusiastas alumnos, padres y profesores que pronto se pusieron  manos a la obra. El Club de lectura ya está funcionando y pronto se celebrará distintos seminarios dedicados a varios autores. Por otro lado, se ha creado un blog, El Lagarto escribidor, en el que ya se publican distintos textos (poesía, microrrelatos, cuentos, artículos de opinión, etc). Pero aún faltaba el tercer trillizo: la creación de un relato o novela (ya se verá) de forma colectiva, una manera de aprender a escribir, de experimentar y compartir, igual que cuando se dan los primeros pasos antes de echar a andar. Pero para ello necesitamos un espacio abierto libre de obstáculos y nuestro blog "El Lagarto escribidor" se nos ha quedado algo estrecho. Es por esto que se ha creado un nuevo espacio: el "Taller de chapa y escritura", un blog enlazado con "El lagarto escribidor" para no perdernos. En este nuevo espacio se publicarán los sucesivos capítulos (que también se publicaran en el primer blog), sin embargo, aquí podemos compartir información y otras secciones relacionada con la historia o relato que irá surgiendo.

     En estos momentos hay unos treinta participantes que irán publicando sus respectivos capítulos de forma sucesiva cada tres o cuatro días, siendo el sábado a las 24 horas y el miércoles a las 24 horas los momentos de publicación. También se ha establecido el orden de publicación hasta llegar al último miembro, tras el cual se volverá a repetir el mismo orden señalado. Esta información se detallará en la próxima reunión del lunes 28 de febrero (en el recreo).

lunes, 14 de febrero de 2011

Prefiero



Si he de mentirte alguna vez
prefiero que sea en la noche cerrada
cuando las lágrimas puedan esconder su brillo
y el viento anuncie la despedida
como el puñal traicionero.

Si he de lamentar lo vivido
prefiero recoger los cristales rotos
de las ventanas abiertas
por las que entraron tantas mañanas
antes de que llegara el mediodía.

Si he de mencionar una palabra
prefiero que sean las tuyas
para llenarme de ti
y hacerte prisionera
en mis pensamientos.

Y cuando los años se cansen
prefiero contarlos
para saber cuántos perdí,
cuántos te debo,
cuántos no me cansaría de contar
y esconderlos en el bosque de tu esencia
antes de partir a las cruzadas sin fe
para morirme sin mí,
en los desiertos anónimos,
en el furor de batallas sin enemigos,
y disfrazar de leyendas
las guerras sin causas,
las derrotas ajenas,
las esperanzas abiertas
que se desangran
y fluyen
sin fin.

viernes, 11 de febrero de 2011

Leo Messi, Premio Nobel de Física

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La Real Academia Sueca de la Ciencia ha decidido otorgar el Premio Nobel de Física a Lionel Andrés Messi, conocido también como Leo Messi, futbolista argentino que actualmente juega en la Primera División española de fútbol y en la Selección de fútbol de Argentina. 
Sin duda alguna, ésta sería una grata noticia para todos, en especial para el pequeño gran jugador, que, aunque sus habilidades con el balón a veces desafíen  a la Física, ya tiene bastante con el fútbol como para encerrarse horas y horas en un laboratorio enfundado en una bata blanca., y que conste que no lo digo por el color.  Pero lo más sorprendente es que aún queda un largo año para llegar al inocente día del 28 de diciembre.
Digo todo esto porque puede que no conozcan al lanzaroteño Blas Cabrera y Felipe, al que el Parlamento canario ha decidido, por UNANIMIDAD, dedicarle el Día de las Letras canarias, reservado para homenajear  cada año a un prestigioso escritor canario. ¿Y qué? Se preguntarán ustedes con toda la razón del mundo ¿Es que por ser lanzaroteño no se merece un homenaje de este tipo? Por supuesto que sí, sería suficiente con verlo  en una foto de 1930 rodeado por una treintena de los físicos, como él, más importantes del mundo, incluidos Marie Curie y Albert Einstein, pero a pesar de ello NO ES ESCRITOR.
Tan magno “gatillazo” de nuestros ilustrados representantes, no puede pasar desapercibido  y se hace necesario tomar algunas medidas urgentes, para evitar que estas situaciones se repitan con tanta frecuencia. Por tanto, ahora que se acercan las elecciones, sería recomendable exigir a los próximos candidatos que superen una pequeña prueba de cultura canaria o al menos el examen PISA.

martes, 1 de febrero de 2011

La enfermedad

     Nunca fueron suficientes los años perdidos entre algodones, sin apenas salir de la casa; los rezos diarios; las miles de horas vigilantes; las pesadillas advirtiéndoles de todos los peligros o el celo con que fue educado aquel niño enfermizo. El médico, Don Celestino, fue siempre muy preciso y categórico: al menor síntoma sería necesario ingresarlo en el Hospital, su salud correría un grave peligro.
Con los años, también, se fue marchando la gente y aquel pueblo fue envejeciendo con los vecinos que quedaron. El niño se convirtió en un hombre, pero sus padres, precavidos, permanecían vigilantes, como hacía veinte años. Al final de la primavera, la savia, al igual que el deshielo hace correr con ímpetu los ríos entre los cañones, como un torrente, hace brotar con fuerza la naturaleza y la sangre parece descongelarse para volverse caliente. El aire se perfuma y llena a los lugareños de sensaciones indescriptibles.
Su olor a jazmín, dulce y penetrante, le llegó cuando despertaba una mañana. Se asomó a la ventana de su castillo de marfil, la vio subir por la colina, con su pamela achampanada, de la que escapaba su larga cabellera azabache, que ondeaba al viento, alegre y festiva. Sus grandes gafas de Sol cubrían un rostro angelical, cubierto de pecas que salpicaban su piel blanca y delicada.
El corazón de aquel hombre, al verla, dio un vuelco y sus palpitaciones galoparon inesperadamente. Su madre, presintiéndolo, fue hasta su habitación y, tras dar un grito, corrió hasta el teléfono, marcando angustiada las teclas: “!Don Celestino, Don Celestino…mi hijo se ha vuelto a enamorar!"

sábado, 29 de enero de 2011

Criadero de lagartijas

En este espacio se revuelven los textos pequeños o microrrelatos como las lagartijas. Un criadero donde moverse cómodamente, en un formato fácil de leer y donde los jóvenes lagartos puedan experimentar con sus letras. Seguro que surgirán verdaderos lagartos que se moverán ágiles en este terreno y pondrán a prueba su ingenio y su agudeza: unas pocas letras para de repente lanzarnos a un final sorprendente e inesperado.

La Biblioteca amiga

       En este apartado podrás contar cuáles son tus obras o autores preferidos, hacer una reseña o comentario de un libro, recomendar una lectura y todo aquello que tenga que ver con los libros y sus autores. Anímate y comparte tus gustos y preferencias. También puedes opinar sobre lo que hayan comentado los demás, añadiendo un comentario. En definitiva, aquí encontrarás un lugar donde intercambiar opiniones y pasar un buen rato.

jueves, 20 de enero de 2011

Ha nacido el Lagarto escribidor

     Ha sido por la tarde, cuando el Sol ya se apagaba en un martes frío, en Agüimes, donde las salamandras y perenquenes, o serenquenes, cantan con orgullo. Allí, en el viejo instituto, un grupo de jóvenes escritores, de 12 a cincuenta y tantos años, de sangre caliente, formado por alumnos de la ESO, padres de alumnos y profesores, nos reunimos para constituir un club de lectura y escritura. Fuimos testigo de cómo surgía la criatura del cascarón, un pequeño lagarto sonriente y lleno de ilusión. Aún tiene mucho que recorrer y arrastrarse por caminos pedregosos, pero nunca estará solo, aquí encontrará un lugar cálido y acogedor donde crecer, aprender y compartir. No importa lo lejos que se pueda llegar, la satisfacción por disfrutar de la literatura será más que suficiente.